El canto de las sirenas retumbaba en mis oídos,
gritando de agonía por el dolor. Me retorcía en la cubierta del barco mientras
mis compañeros desesperados saltaban al mar donde eran presa fácil de los manatíes
krakenos, el capitán se había puesto cera en los oídos para evitar escuchar el
canto y con los arpones que tenía a su alrededor comenzaba a matar a cuanta
sirena se atreviera a abordar el barco.
Nuestro alférez vino a ayudarnos trayendo
cera para que nos tapáramos los oídos, eso hicimos y de inmediato comenzamos a
buscar cualquier cosa puntiaguda con la cual defendernos. Yo y el resto
resistimos valientemente la primera oleada del ejercito atlante, esperando a
que el resto de nuestra armada nos apoyara estando tan cerca de las puertas de
Atlantis no nos rendiríamos fácilmente.
Dante Oviedo
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