Del otro lado del rio aparece un sátiro, quien tiene la cabeza de un jabalí en la mano, este se presenta con el nombre de Cuderaseso y le ofrece a los duendecillos cruzar el rio a través de un puente de madera. Del lecho del rio surge un puente de madera delante de los duendes, esta posee una forma grotesca: la madera está podrida, las cuerdas están hechas de intestinos en vez de tela, el puente en si grita de dolor. Con miedo los duendecillos aceptan la oferta del sátiro.
Cuando están por cruzar el rio las cuerdas del puente se extienden y se enredan alrededor de los duendecillos, Cuderaseso habla en una lengua extraña y de pronto termitas negras salen de las tablas de madera podrida y se meten en la boca de los duendes. Horrorizados ven y sienten como sus cuerpos se transforman en una forma aberrante. Al final, se transforman en una masa de carne viviente, el sátiro se acerca a ellos y se los come uno a uno.

